Usted cree que tiene alternativas. Probablemente no las tenga.
Los inversores de Bernie Madoff no eran estúpidos. Eran abogados, banqueros, dueños de clubes deportivos. Gente que en su vida diaria sabía decir que no. Pero Madoff les hizo creer que no tenían alternativa. Y esa, querido lector, es la trampa más antigua del mundo. La que usted mismo acepta cada vez que firma un contrato, renueva un proveedor o se queda en una reunión que debería haber abandonado hace horas.
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