«Me llamaron para un ascenso y vomité en el baño»
👩💼🤢
El día que el éxito me dio miedo
«No celebré el ascenso. Lloré en el baño. Y luego fingí que estaba bien.»
Marta tenía 42 años cuando le dieron el ascenso que había pedido durante dos. No saltó de alegría. No llamó a su madre. No se lo contó a nadie. Se encerró en el baño de la oficina y vomitó.
No estaba enferma. No tenía gastroenteritis. Era miedo. Miedo a que descubrieran que no valía para el puesto. Miedo a que todo fuera un error. Miedo a que la despidieran a los tres meses. Miedo, en definitiva, a que la señalarán con el dedo y dijeran: «no se lo merecía».
Esta es su historia. La he escrito en primera persona, con sus palabras, porque así duele más. Y porque así, quien la lea, sabrá que no está sola.
📌 Un dato que debería hacernos reflexionar: Las mujeres son más propensas al síndrome del impostor que los hombres. No porque sean más inseguras. Porque el mundo les ha enseñado que deben demostrar el doble para merecer lo mismo.
🗣️ «Me llamaron para un ascenso y vomité en el baño»
🗣️
«Llevaba dos años preparándome para aquel ascenso. Había hecho cursos. Había pedido más responsabilidades. Había trabajado fines de semana. Cuando mi jefe me llamó a su despacho, ya sabía lo que iba a oír. Llevaba días ensayando mi reacción. Iba a sonreír con dignidad. Iba a dar las gracias con calma. Iba a salir despacio, cerrar la puerta sin ruido y celebrarlo con mis compañeras. Nada de eso pasó. Escuché las palabras ‘te hemos elegido a ti’ y mi cerebro se quedó en blanco. No recordaba haber asentido. No recordaba haber estrechado la mano de mi jefe. No recordaba haber salido del despacho. Lo siguiente que supe es que estaba en el baño, arrodillada frente a la taza, con la camisa manchada y las mejillas ardiendo.»
— Marta, directora de marketing
Marta no sabía lo que le pasaba. No tenía nombre para aquello. No sabía que existía el «síndrome del impostor». Solo sabía que se sentía una farsa. Que el ascenso era un error. Que en cualquier momento, alguien pediría ver sus papeles y descubriría que no valía.
⚠️ La trampa de la mujer perfecta: Marta no solo temía no estar a la altura. Temía que la vieran fracasar. Porque una mujer que fracasa no es solo una profesional que se equivoca. Es «la mujer que fracasó». El peso del qué dirán es el doble para ellas.
🗣️ El diálogo con su amiga (la única que lo sabe)
—¿Qué te pasa? Te dieron el ascenso. Deberías estar feliz.
—No puedo. Estoy aterrada.
—¿Por qué?
—Porque no valgo. Van a descubrir que no sé hacer mi trabajo. Que todo fue suerte.
—¿Tú crees que tu jefe ascendería a alguien que no vale?
—No lo sé. Quizá se equivocó.
—Marta, llevas 15 años en esto. Has ganado premios. Te han felicitado. ¿Crees que todos esos logros son casualidad?
—(…)
—Te voy a decir una cosa. El día que te propusieron para el ascenso, yo estaba en la reunión. Hablaron muy bien de ti. Dijeron que eras la mejor. No fue casualidad. Fue mérito tuyo. Ahora, por favor, deja de castigarte y celebra.
Marta no supo qué responder. Pero algo cambió. Alguien le había dicho en voz alta lo que ella no se atrevía a decirse. Y esa noche, por primera vez, se permitió sonreír. Un poco.
📢 Relacionado: Si te resuena esta historia, te recomiendo leer la confidencia de otra mujer que vivió el síndrome del impostor después de un ascenso. No estás sola.
💔 Las 3 mentiras que Marta se repetía (y que quizá tú también)
🤥 Mentira 1: «Cualquiera podría hacer mi trabajo»
No es verdad. Si cualquiera pudiera, lo habrían hecho. El hecho de que te eligieran a ti demuestra que no cualquiera puede.
🤥 Mentira 2: «Fue solo suerte»
La suerte existe. Pero no dura 15 años. Los logros sostenidos en el tiempo no son casualidad. Son mérito.
🤥 Mentira 3: «Algún día se darán cuenta»
Si llevas años esperando ese día y aún no ha llegado, quizá es que no va a llegar. Porque no hay nada que descubrir. Solo tu miedo.
📌 Una frase que Marta se repite ahora: «El síndrome del impostor no es una señal de que no vales. Es una señal de que te importa. La gente que no se cuestiona no mejora. Los que se cuestionan, crecen.»
✅ Lo que Marta hace ahora para callar a su impostora (y le funciona)
✅Escribe sus logros — Una vez al mes, anota tres cosas que ha conseguido. Las relee cuando la impostora ataca.
✅Habla con su amiga — La única que sabe lo que le pasa. Ella le da perspectiva. Le recuerda lo que Marta no ve.
✅Ayuda a otras mujeres — Cuando escucha a una compañera con las mismas dudas, se da cuenta de que no está sola. Y de que si ella puede ayudar, es que algo sabe.
✅Acepta que no lo sabe todo — Y lo dice abiertamente. «No lo sé, ¿tú qué opinas?». La honestidad le ha quitado un peso de encima.
✅Va a terapia — Desde que empezó, la impostora ha bajado la voz. No ha desaparecido. Pero ya no grita. Solo susurra.
🗣️ Lo que dice su terapeuta: «El síndrome del impostor no es un problema de competencia. Es un problema de percepción. Marta es objetivamente competente. El problema no es que no sepa. Es que no se ve como los demás la ven. Su trabajo no es ser más competente. Es ajustar su percepción.»
🧠 Lo que Cristina aprendió de Marta
El síndrome del impostor no entiende de género, pero castiga más a las mujeres. No porque sean más débiles. Porque el mundo les ha enseñado que deben demostrar el doble para merecer lo mismo. Marta no es un fraude. Es una profesional brillante que tuvo un mal día. Y que aprendió a pedir ayuda. La impostora no ha desaparecido. Pero ahora la conoce. Sabe cuándo ataca. Sabe cómo callarla. Y sabe que no está sola. Porque cuando lo compartes, el impostor pierde poder. Marta lo hizo. Y tú también puedes.
Cristina Isant Varela
Fundadora de 13NIX Editorial
Lienzo Oculto
Marta existe. He cambiado su nombre para proteger su identidad. La conversación con su amiga es real. El dato sobre mujeres y síndrome del impostor está documentado. El resto es experiencia. La experiencia de quien ha visto a mujeres brillantes sufrir en silencio. Y de quien ha aprendido que el primer paso para callar al impostor es nombrarlo.
